2º Encuentro con la Revista de Psicoterapia y Psicosomática

Reseña; por Inmaculada Delgado Pérez.

El sábado 24 de mayo se celebró, en formato online, el Segundo Encuentro de la Revista de Psicoterapia y Psicosomática. La presentación corrió a cargo de Carmen Ibáñez, codirectora de la revista, que incidió en la consolidación de un espacio para fomentar el intercambio clínico y teórico entre colegas a partir de la lectura y el diálogo directo con los autores y la experiencia enriquecedora que supone escribir artículos para la revista, dado que la escritura psicoanalítica permite reelaborar la experiencia clínica, articular teoría y práctica, y compartir con la comunidad reflexiones que enriquecen el campo, además de ser una herramienta fundamental para la divulgación y el desarrollo profesional.

Se trabajó sobre el número 111 de la revista, Lo originario, que nos invita a pensar en los inicios de la vida psíquica, en las experiencias fundacionales del sujeto y en las marcas que perduran en el cuerpo y en el aparato psíquico. Como señala Encarnación Amorós, del comité de redacción de la revista, que hizo la presentación del número: «los pacientes nos muestran con frecuencia que esas vivencias primeras pueden desbordar la capacidad de simbolización y exigirnos una técnica especialmente sensible al trabajo con lo primario».

Tomó la palabra en primer lugar Gisela Renes, psicóloga clínica y psicoanalista, con formación especializada en medicina psicosomática y profesora en el Máster de Arteterapia de la Universidad Politécnica de Valencia, autora del artículo «El trastorno psicosomático como carga identificatoria».

Gisela comenzó resaltando la importancia del trabajo de la revista y de estos encuentros que no solo dan visibilidad a las teorías desde las que partimos en nuestro trabajo clínico, sino que muestran también el pensamiento colectivo en vivo, gracias al intercambio con otros colegas.

En su artículo quiso mostrar cómo desarrolló su interés científico por la patología psicosomática a través del tipo de pacientes que fue viendo, sobre todo en sus inicios, cuando trabajaba en una Unidad de Sueño de pediatría. En ese entorno trabajó mucho el primer encuentro con las familias. Y este primer escenario inaugural le permitió ver el dolor ovillado de muchos niños, sin expresar aún, que había tras el síntoma que traían. Es decir, algo que va más allá y que está instalado como huella del trauma precoz en sus primeras relaciones. Y ese material sensible ―huellas de las primeras identificaciones somato psíquicas transgeneracionales― se puede recoger gracias sobre todo al trabajo de la contratransferencia y la capacidad del analista de ir dando figurabilidad.

El caso de Matías, que ella compartió en el encuentro, habla justamente de esto, de una clínica que lleva a pensar sus propios límites si solo elegimos trabajar con el niño. Mostró cómo se puede identificar lo indescifrable del trauma, que queda anudado en la escena familiar y escindido en el discurso de los padres. Ya que la forma en la que estos niños adquieren presencialidad (presentismo subjetivo) ante nosotros y ante los otros es a través de lo que no aparece en el discurso de la escena familiar ampliada (padres-abuelos).

Luego se dio la palabra a Agustín Béjar, doctor en medicina, psicoanalista y psicoterapeuta, profesor del Máster de Psicoterapia Psicoanalítica de la Universidad de Alcalá y del Título de Experto Universitario en Psicología Perinatal de la Universitat Ramon Llull, autor del artículo «Lo originario, entre filogenia y ontogenia».

Agustín resumió su proceso de elaboración de un tema sobre el que había publicado previamente en la revista y para el que la nueva propuesta, en este número, supuso un estímulo a seguir indagando y afinando ideas para poder pensar esa conexión en conjunto. Se trata de la conexión entre otras disciplinas que se preguntan por la emergencia de lo humano y lo que el psicoanálisis ha podido ir elaborando desde su perspectiva sobre la constitución del aparato psíquico, como un conjunto de ideas que pueden ser también de gran valor heurístico en ese intercambio y en las dos direcciones: cómo esas disciplinas y sus avances (biología evolucionista, antropología, primatología) pueden brindar una convergencia útil para comprender lo esencial en el surgimiento del sujeto del inconsciente, pero también el reclamo de lo que más de un siglo de nuestra disciplina y su pensamiento sobre lo originario puede brindar a aquéllas.

En este artículo, el autor se centró en la metapsicología sobre la represión originaria y sus procesos, y las fantasías originarias, con la centralidad de la escena primaria y su valor para la clínica y pensamiento psicoanalíticos.

A continuación, tras la valoración por parte de distintos miembros de la sala de la riqueza teórica de los trabajos presentados, se abrió un dinámico e interesante debate con situaciones clínicas en las que el cuerpo aparece como portador de historias no mentalizadas, transmitidas transgeneracionalmente. Se reflexionó sobre la instalación del encuadre, la contratransferencia y la compleja tarea de separar lo propio de lo ajeno en el proceso analítico. Se dio por hecho la necesidad del otro para que se cree el psiquismo y la hominización, y la relación que surge en el espacio terapéutico gracias a la implicación personal del terapeuta, escuchando su escucha.

A través de conceptos como la represión originaria y las fantasías primitivas se trazó un puente entre el pensamiento psicoanalítico y disciplinas como la biología y la antropología, para explorar cómo el psiquismo humano emerge de una compleja interacción entre herencia y experiencia.

Tal como la clínica psicoanalítica y sus concepciones sobre el funcionamiento cada vez más precoz en la ontogenia nos permiten pensar, trabajamos también el acceso a la importancia del tercero, desde la perspectiva de especulaciones, con datos actualizados de otras disciplinas, sobre las condiciones de posibilidad del origen de la psique humana en la evolución.  

Nos preguntamos por qué se produjo un fenómeno tan característico en Matías. Se explicó que, desde su Yo ―como instancia psíquica―, durante los primeros tiempos solo era «testigo-observador» y no «organizador» de la ausencia misma de Ser, ya que no había Yo aún, estaba constituyéndose. El haber sufrido crisis epilépticas de muy pequeño, que no fueron identificadas, formó parte misma de su contenido identitario, que empuja a su pulsión a desarrollarse de una manera determinada. En palabras de Matías, buscando respuestas más allá (universo) porque el más acá le era aterrador.

Fue un hallazgo en el intercambio con la sala cómo se articulaban en gran sintonía las reflexiones que ambos trabajos nos suscitaban, resaltando la existencia en la mente de esas áreas en vías o en espera de mayor mentalización. La interesante conjunción de los dos trabajos nos sirvió para disfrutar y tejer entre todos ideas en ese terreno de intersección de la clínica, la metapsicología y la realidad de la emergencia del inconsciente.

Para terminar, se planteó el enriquecimiento que aportan a los artículos estos encuentros, así como las valoraciones de los revisores que, aunque a veces contradictorias, permiten cuestionarse otros aspectos de los textos. El público agradeció la organización de los encuentros y nos alentó a continuar con ellos, con lo que quedan emplazados al tercero.

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